Etapas de duelo
- Giselle Lopez
- 3 mar 2023
- 4 Min. de lectura
El luto y el duelo son formas de vivencia social dramática de la muerte de un ser querido, la función del luto es expresar la tristeza y el dolor que siente el vivo por la partida o desaparición física de un familiar o amigo.
Duelo es un sentimiento subjetivo que aparece tras la muerte de un ser querido y proviene del latín dolos que significa dolor. También es estado en el que el individuo transmite o experimenta una respuesta humana natural que implica reacciones psicosociales y psicológicas a una pérdida real o subjetiva. Es fundamental entender el duelo como un proceso en movimiento, con cambios y múltiples posibilidades de expresión y no como un estado estático con limites rígidos.
Por consiguiente, las teorías ofrecen sistemas de referencia que ayudan a comprender el concepto y la dinámica del proceso de duelo. Cada teoría comprende una serie de fases o etapas por las que pasa el sujeto.
Sigmund Freud, con “Duelo y Melancolía”, afirmaba que el sufrimiento de la persona en duelo es debido a su apego interno con la fallecida. Freud también sostenía que el objetivo del duelo es separar estos sentimientos y apegos del objeto perdido. Como resultado de un proceso de duelo el yo queda liberado de sus antiguos apegos y disponible para vincularse de nuevo con otra persona viva.
Lindemann en 1944 describe las fases del duelo inmediato: problemas somáticos, preocupaciones relacionadas con la imagen del fallecido, culpa, reacciones hostiles y pérdida de patrones de conducta.
Para Kubler-Ross, psiquiatra que trabajó con gente moribunda y después de hablar con casi 500 pacientes terminales describió cinco etapas en términos de la proximidad de la muerte:
1) Negación: En esta etapa es probable que las personas se sienten culpables porque no sienten nada; se apodera de ellas un estado de entumecimiento e incredulidad.
2) Enojo o ira: El enojo puede proyectarse hacia otras personas o interiormente expresarse en forma de depresión
3) Negociación: se da en nuestra mente para ganar tiempo antes de aceptar la verdad de la situación, retrasa la responsabilidad necesaria para liberar emocionalmente las pérdidas
4) Depresión: es el enojo dirigido hacia adentro, incluye sentimientos de desamparo, falta de esperanza e impotencia
5) Aceptación: se da cuando después de la pérdida se puede vivir en el presente, sin adherirse al pasado
La autora expresa que aunque generalmente estas etapas son dadas en el orden identificado y son comunes en todos los seres humanos, no podemos perder de vista que las personas somos seres únicos, no todas pasan por estas etapas en la misma forma ni con la misma duración.
Del mismo modo, Bowlby realiza una clasificación que ordena el proceso del duelo en cuatro fases:
1) Fase de embotamiento, que dura habitualmente entre algunas horas y una semana
2) Fase de anhelo y búsqueda de la figura perdida, que dura varios meses y con frecuencia, años.
3) Fase de desorganización y desesperación: Algún tiempo después de la pérdida, al imponerse la noción de la realidad, se intensifican los sentimientos de desesperanza y soledad, la persona acepta finalmente la muerte y cae inevitablemente en una etapa de depresión y apatía
4) Fase de un grado mayor o menor de reorganización: esta última fase se inicia aproximadamente luego de un año de ocurrida la pérdida. El deudo se encuentra en condición de aceptar la nueva situación y es capaz de redefinirse a sí mismo y al nuevo contexto, el cual no incluye a la persona perdida.
Por su parte Worden refiere que una de las dificultades al usar el enfoque de las etapas en el proceso de duelo es que las personas no atraviesan etapas en serie. Este autor expone que utilizar el concepto de tareas para entender el proceso del duelo es más acorde ya que implica que la persona en duelo ha de ser activa y puede hacer algo en su recuperación.
Las cuatro tareas del duelo propuestas por Worden son: Tarea I: aceptar la realidad de la pérdida: hay que aceptar que la persona está muerta, se ha marchado y no volverá. Aceptar la realidad de la pérdida lleva tiempo porque implica no sólo una aceptación intelectual sino también emocional; los rituales como el funeral ayudan a muchas personas a encaminarse hacia la aceptación. Tarea II: trabajar las emociones y el dolor de la pérdida: es necesario reconocer y trabajar el dolor emocional y conductual o éste se manifestará mediante algunos síntomas u otras formas de conducta disfuncional. Tarea III: adaptarse a un medio en el que el fallecido está ausente: adaptarse a un nuevo medio significa cosas diferentes para personas diferentes, dependiendo de cómo era la relación con el fallecido y los roles que desempeñaba. Tarea IV: recolocar emocionalmente al fallecido y seguir viviendo: para muchas personas esta es la más difícil de completar.
Actualmente, ha surgido un nuevo modelo teórico del duelo propuesto por Niemeyer desde una perspectiva constructivista. Este autor define duelo como una reconstrucción de significados y destaca lo particular y lo activo en el proceso de duelo. La elaboración del duelo está determinada no sólo por las emociones, sino también por el contexto relacional y los significados únicos del doliente, los que tienen que ser reconstruidos después de la pérdida. En términos del trabajo de duelo, este nuevo enfoque plantea, al igual que la postura más tradicional, que se necesita reconocer la realidad de la pérdida y abrirse al dolor. La diferencia se presenta principalmente en lo que se ha llamado fase de reorganización o restablecimiento, cuyo objetivo está determinado en forma importante por la concepción de lo que es un duelo elaborado.
Postula que la muerte transforma las relaciones con la persona querida, en lugar de ponerles fin. Esto implicaría que no es necesario distanciarse de los recuerdos del ser querido, sino convertir una relación basada en la presencia física en otra basada en la conexión simbólica, conservando esta relación que fue fundamental para nosotros en el pasado, podemos dar continuidad a una historia vital interrumpida por la pérdida, emprendiendo el duro trabajo de inventar un futuro lleno de sentido. Por otra parte, se postula una reconstrucción de significados que permite contemplar las creencias particulares, teniendo como telón de fondo la cultura a la que uno pertenece, sin connotaciones a priori de anormalidad. Por último, la amplitud en la elaboración del duelo permite incluir el crecimiento.
Para mayor información consultar a Oviedo, S., Parra, F. y Marquina, M. (2009). La muerte y el duelo. Enfermería Global, vol. 15, pp. 2-7.





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